¿Qué es mejor, cantidad o calidad?
La rana espera, paciente. Ve volar las oportunidades por delante. Sabe que en el momento en que estire la lengua los otros mosquitos escaparán. ¿Cuál es el mosquito más jugoso? Espera y espera, pero no pasa nada. Cuando llega el mosquito jugoso no puede distinguirlo de otro.
Un poco más adelante hay otra rana. Esta lleva el turbo puesto. Se lanza a cazar todos los insectos a su alcance. Cuando llega el mosquito jugoso está agotada y ni siquiera lo ve.
Por ahí cerca hay un sapo azul. Desde su palacio ha contratado un equipo de arácnidos que le cazan todos los mosquitos a 300 cm a la redonda. El sapo se los va comiendo, no están frescos, están pastosos con regusto a telaraña. El mosquito jugoso está allí en medio pero ya no se mueve ni es tan jugoso.
Otra rana hace años que lo intenta y finalmente se ha rendido. Está enganchada al móvil viendo cómo las otras ranas encuentran mosquitos descomunales y están living la vida loca.
Yo quiero ser la rana que cada día busca un mosquito y se lo come. A veces es bueno, a veces no vale nada, ocasionalmente se le deshace en la boca y se le humedecen los ojos. ¡Es delicioso! El plan no es muy sexy pero da buenos resultados.
Me encantaría ser esta rana pero aún no lo soy (sobretodo porque moriría de hambre). Tengo épocas de hámster dando vueltas a la rueda sin llegar a ninguna parte. No me paro a pensar. No priorizo. Otras épocas no sé ni por dónde empezar y apago la mente durante horas viendo Netflix. Me machaco que soy perezosa. A menudo esconde algún miedo más profundo sobre el miedo a definir el miedo y descubrir que tengo miedo.
Este miedo tiene una parte de no lo haré bien, no le gustará a nadie, será un fracaso o peor, seré un fracaso. ¿En realidad qué tengo que perder? Cuando me centro en la calidad me paralizo. Nunca será lo suficientemente bueno. Por eso hace unos meses que me focalizo en la cantidad. Escribir y escribir hasta que vaya puliendo y de todo el carbón encuentre algún diamante. Poco a poco ya vendrá la calidad.
Mind the Gap - ojo con el agujero
Ojo con el agujero que hay entre lo que sabes hacer y lo que quieres hacer
Cuando me paraliza el miedo me ayuda pensar en el gap, el agujero entre el tren y el andén. Si lo que estás haciendo no está a la altura de tu visión es buena señal. Indica que tienes gusto y estás aprendiendo a desgranar lo bueno de lo malo. Aún no lo sabes suficiente pero ya lo sabes identificar. Cuando estás aquí te desespera.
Todo lo que haces no está al nivel que quieres. El agujero es tan grande que no ves el otro lado. Puedes hacer dos cosas: No hacer nada o seguir haciendo cosas mediocres. A medida que vayas practicando irás aprendiendo y irás reduciendo el agujero. El problema, si es un problema, es que a medida que vayas mejorando irás perfilando tu gusto y el agujero se ampliará por el otro lado. ¿Solución? Seguir reduciendo el agujero por el primer lado. Es una historia de nunca acabar. Poco a poco el agujero se va desplazando. Aún está, pero lo que estás creando es mucho mejor de lo que era antes.
Progreso y no perfección
Recuerda:
Empieza por la cantidad y la calidad ya llegará.
Hay una diferencia entre lo que sabes hacer y lo que quieres hacer.
Estos dos conceptos se terminan englobando en uno más grande: Si te centras en progresar y no en la perfección avanzarás mucho más.
No te rindas.
Si te falta tiempo para avanzar en tu proyecto prueba la hora de la rana y nos encontraremos colgados al agujero