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¿Por qué me cuesta tanto escribir este e-mail?

¿Por qué me cuesta tanto escribir este e-mail?

  • Clara Callís

Llámalo email, newsletter, blog, tuit, artículo en Facebook o foto en Instagram. Cualquier cosa que nadie te pide que hagas. ¿Por qué es tan difícil hacerla?

  • Con retintín: Lo más importante en el marketing digital es la constancia.
  • ¡Ya lo sé! Lo sé, lo sé, lo sé. ¿Pero por qué cuesta tanto?

Hace meses que quiero recuperar el blog y lo he ido posponiendo. He escrito un par de artículos que se han quedado en borrador. He hecho dos o tres versiones y no sé cómo juntarlas. Ha caducado el tema y ahora tengo que esperar hasta la próxima Navidad.

He conseguido el hábito de escribir cada día. ¡Bien! Lo difícil es que lo que escribo sea material digno de publicar, acabar compartiéndolo y, al cabo de unos días, volver a hacerlo.

¿Por qué cuesta tanto?

Si escribo para mí lo puedo hacer tan mal como quiera. No hay nadie, aparte de mí misma, que lo juzgue.

Para escribir para mí necesito papel y boli. Para publicar una idea, el texto tiene que ser coherente y atractivo. Hay que revisarlo, buscar imágenes, ponerle un título sugerente, volver a revisar, publicar en alguna plataforma web, email o red social, compartir. Hay muchos más pasos que simplemente sentarse y escribir.

Una cosa es escribir y otra terminar lo que he escrito. Me entusiasmo con un tema, salta el aviso de un email, lo ignoro, continúo. Me llaman, contesto. Me voy a la reunión. Vuelvo al ordenador y aprovecho para contestar emails. ¿Cuántas interrupciones tenemos a lo largo del día? Así no hay quien se concentre para crear nada. Al cabo de una semana... ¡Mierda! Tengo que volver a empezar. Aquella idea ya no tiene sentido. ¿Empiezo por otra? O ni empiezo.

Si quiero cambiar un comportamiento, es mejor ir a la raíz, construir nuevos hábitos. Para que el cambio perdure tengo que buscar algo tan fácil que pueda hacerlo en dos minutos, en los peores días y con la motivación por los suelos, como caminar hasta el final de la calle en lugar de correr 5 km. Lee Hábitos Mínimos, del Dr. BJ Fogg.

¿Cómo hago para escribir un blog en dos minutos? Podría escribir una frase cada día, pero eso no acaba publicado en un blog. ¿Cómo doy el salto de escribir a publicar?

Quizá la solución pasa por definir todos los pasos, dibujar el sistema:

¿Qué tiene que pasar para escribir un email?

  1. Tendría que tener algo que decir.
    • Puedo coger un tema de la lista de ideas que tengo para el blog.
    • Buf, no sé qué elegir. ¿Por qué me cuesta tanto escribir este email?
    • Ya está, ¡este será el tema! ¿Por qué me cuesta tanto escribir este email? Si me cuesta tanto, seguro que también le cuesta a alguien más.
    • Good! Levanto los brazos. Minicelebración. ¡Conseguido!
    1. El viernes me siento y empiezo. Móvil en modo avión. Familia lejos, en el colegio. Cuesta encontrar el momento, pero a menudo, una vez he empezado, es más fácil continuar. Novedad: el truco es seguir y seguir hasta haber terminado todo el borrador. Escribo tan mal como puedo, plasmando las ideas principales. Otro día ya lo dejaré bonito.
      • ¡Pero es tan difícil!
      • Quiero parar, pero continúo hasta terminar el borrador. Es feo, chungo, vergonzoso, pero está acabado.
      • ¡Bien! Levanto los brazos. Minicelebración. ¡Conseguido!
      1. ¡Un momento! No he terminado. Novedad: apunto en la agenda qué día revisaré el texto, el lunes después de llevar a los niños al cole y hacer el té. ¡Sí! ¡Fantástico! Levanto los brazos, celebro, siguiente paso conseguido.
      2. Dejo respirar el texto un par de días, que es lo que mejor me funciona. Con una hora no cojo perspectiva y con una semana me olvido. Mejor algo intermedio.
      3. El domingo vuelvo a coger el texto, un día antes. Lo reviso. Hago los cambios que considero. Veo que el contenido da para un artículo en el blog y subo el artículo al blog. Lo dejo respirar.
      4. El lunes tengo al pequeño con fiebre. El martes y miércoles también. Una gripe. ¿Ahora qué? Modifico el texto con el móvil mientras miramos la tele.
      5. Aquí es donde a menudo me quedo enganchada. Hoy no. Recuerdo que no estoy publicando un premio Nobel. Es un email o un blog. La perfección paraliza.
      6. ¿Terminado? ¿Ahora sí? Pues no. Como he publicado el blog, el email tendrá que ser un poco diferente. Texto nuevo.
      7. Ahora toca poner el email en Mailchimp. Esto parece sencillo, pero también hay ciertos pasos que seguir.
        • ¿Tengo usuario y contraseña? Sí. Poca broma, que esto alguna vez me ha frenado un par de días.
        • ¿Tengo una plantilla? Sí. Subo el texto a la plantilla. Intento no hacer demasiados cambios, pero es inevitable.
        • Envío una prueba, la veo en el email. Hago cambios. Envío otra prueba. En algún momento tengo que decir basta a las pruebas y pulsar el botón de enviar. El dedo del mono de Mailchimp es terrorífico, ¡da tanto miedo publicar!
        1. Ahora sí. Programo el envío para mañana. Hecho. Espero que haya un cataclismo. Lo que he escrito es ridículo, no gustará a nadie, es obvio, es un insulto. Pero no pasa nada. La vida continúa. Todos recibimos cientos de emails y este es uno más. Creo que pasará esto; todavía no lo sé mientras escribo, pero si cuando lo recibes hay un cataclismo me puedes culpar a mí.

        Fin del proceso. ¡Lo he conseguido! No me lo puedo creer. Después de tantos meses he roto el hechizo. ¿Por qué? Espero que no sea la motivación, porque quiero volver a hacerlo. Me doy cuenta de que escribir el texto es 1 de 10 pasos. Uno grande y que ha dado para escribir libros, pero sigue siendo 1 de los 10 pasos que me he marcado.

        ¿Cuellos de botella?

        • Dar el texto por terminado. Podría seguir revisando hasta el infinito.
        • Buscar la imagen. No iba a poner ninguna, pero al querer publicarlo en Instagram se me ha encendido la luz. Y ale, imagen hecha.
        • El maldito Mailchimp. Cuando ya está todo, todavía queda Mailchimp.

        Ahora te toca a ti:

        ¿Tienes algo en la cabeza que da vueltas y vueltas y no consigues hacer? Da igual si se trata de la construcción de una casa o de subir una foto a Instagram. Si se te hace una montaña y realmente lo quieres hacer, plantéalo como si fuera un gran proyecto.

        ¿Te puede funcionar lo que acabo de hacer? Pruébalo.

        1. Decide qué proyecto harás.
        2. Desglosa cada paso para llegar al resultado deseado. No te dejes nada: la cosa más sencilla puede ser la que te hace caer.
        3. Finalmente, hazlo.

        ¿Ha funcionado? ¿Tienes alguna otra estrategia?

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